Control de olores en derivados de hidrocarburos: tanques, carga/descarga y patios

El reto no siempre está en el proceso principal, sino en los momentos en que el producto se mueve y la instalación “respira”.

En una planta de derivados de hidrocarburos puede haber jornadas en las que el olor apenas resulte perceptible y otras en las que una operación aparentemente rutinaria desencadene un episodio. A veces ocurre durante el llenado de un tanque. Otras, al conectar una cisterna, abrir una boca de carga, purgar una línea o desplazar producto entre depósitos. El proceso no ha cambiado de forma radical, pero durante unos minutos el equilibrio de presiones, vapores y corrientes de aire sí lo ha hecho. 

Esta variabilidad explica por qué el control de olores en la industria de derivados de hidrocarburos no puede limitarse a instalar un único sistema en un punto fijo. Los focos pueden ser canalizados o difusos, continuos o intermitentes, interiores o exteriores. Además, un compuesto que se libera cerca del suelo durante una maniobra logística no se comporta igual que una corriente conducida a través de un conducto. 

La pregunta útil no es solo dónde huele, sino qué operación estaba ocurriendo, por dónde escapó la emisión y qué condiciones permitieron que alcanzara el exterior. A partir de ese diagnóstico es posible combinar medidas en origen, captación, micronización, nebulización o evaporación sin interferir en el funcionamiento de la planta. 

¿Por qué se producen olores en la fabricación y manipulación de derivados de hidrocarburos?

El término “derivados de hidrocarburos” reúne actividades muy distintas: formulación, mezcla, almacenamiento, trasiego, envasado o expedición de productos líquidos, pastosos o sólidos. Las materias primas y los productos finales también pueden variar mucho entre instalaciones. Por eso no existe un único perfil de olor aplicable a todo el sector.

En términos generales, el impacto odorífero aparece cuando determinados componentes volátiles pasan desde el producto a la fase gaseosa y encuentran una vía de salida. La temperatura, la presión de vapor, la agitación, el movimiento del líquido, la superficie expuesta y la ventilación influyen en la cantidad y en la rapidez con la que se liberan.

No todos los compuestos orgánicos volátiles (COV) producen olor, ni el olor permite determinar por sí solo su concentración o su riesgo. Del mismo modo, una emisión muy perceptible no puede caracterizarse únicamente por la impresión olfativa. La seguridad de proceso, la higiene industrial y el cumplimiento ambiental deben evaluarse con los métodos específicos que correspondan. El tratamiento de olores forma parte de esa gestión, pero no sustituye la captación, la monitorización ni las medidas de prevención exigibles.

Tanques de almacenamiento: una fuente que cambia con el nivel, la temperatura y el movimiento

Un tanque no es un elemento completamente estático. Su espacio de vapor cambia cuando entra o sale producto, cuando aumenta la temperatura o cuando se producen variaciones de presión. Esa “respiración” puede desplazar vapores hacia venteos, válvulas o puntos de alivio previstos en el diseño.

Respiración durante el llenado y vaciado:

Cuando un líquido entra en un depósito, ocupa un volumen que antes pertenecía a la fase gaseosa. Parte de ese gas debe desplazarse. Si contiene compuestos olorosos, el llenado puede convertirse en un episodio breve pero intenso. Durante el vaciado se produce el fenómeno inverso: entra aire o cambia el equilibrio en el espacio de vapor, lo que puede influir en emisiones posteriores.

La intensidad del episodio depende, entre otros factores, del producto, del caudal de trasiego, del nivel inicial, de la temperatura y del sistema de recuperación o tratamiento existente. Por eso dos llenados del mismo tanque no siempre generan el mismo impacto.

Cambios térmicos y pérdidas por respiración:

Un tanque expuesto al sol puede calentarse durante el día y enfriarse por la noche. La expansión y contracción del gas del espacio de cabeza modifica la respiración del depósito. En verano, además, una mayor temperatura del producto puede favorecer la volatilización de determinados componentes.

Conviene estudiar el comportamiento a lo largo de una jornada completa y no solo durante una visita puntual. Un foco que parece inactivo por la mañana puede adquirir relevancia varias horas después, cuando coinciden temperatura elevada, nivel de producto y una operación de trasiego.

Elementos que requieren revisión:

Los venteos y dispositivos asociados al tanque no son los únicos puntos a observar. También conviene revisar juntas, bridas, bocas de hombre, conexiones, válvulas, sellos y drenajes, siempre dentro de los protocolos de seguridad y mantenimiento de la planta. Una pequeña fuga repetitiva puede tener menos caudal que un venteo, pero mantener una presencia odorífera constante cerca de zonas de paso o del límite de parcela.

El primer objetivo debe ser evitar o reducir la emisión en origen cuando sea técnica y operativamente posible. El tratamiento de neutralización se diseña después, para actuar sobre las corrientes que no puedan confinarse por completo o como refuerzo en situaciones determinadas.

Carga y descarga: pocos minutos pueden condicionar todo el día

Las áreas de recepción y expedición concentran varias circunstancias desfavorables: conexiones y desconexiones, aperturas, mangueras con producto residual, desplazamiento de vapores y circulación de vehículos. Son operaciones limitadas en el tiempo, pero su intensidad puede ser suficiente para generar una percepción clara fuera de la planta si el viento acompaña.

Conexión de cisternas y trasiego:

Durante la transferencia entre una cisterna y un tanque se desplaza producto y, con frecuencia, también una fase gaseosa. El tipo de carga —superior, inferior o mediante sistemas cerrados— y la existencia de retorno o recuperación de vapores condicionan la emisión. También importan la velocidad de llenado, la estanqueidad de las conexiones y el procedimiento seguido al finalizar.

No basta con identificar “la zona de carga” como un único foco. Conviene separar la secuencia:

1. Llegada y posicionamiento del vehículo;

2. Apertura y conexión

3. Inicio del trasiego;

4. Régimen estable;

5. Final de carga o descarga;

6. Drenaje, desconexión y retirada.

El pico puede aparecer solo en uno de esos momentos. Si el sistema de control funciona todo el día con la misma intensidad, consumirá recursos cuando no son necesarios y puede quedarse corto justo durante la maniobra crítica.

Goteos, restos y limpieza:

El olor no siempre procede del vapor desplazado. Pequeños derrames, bandejas de recogida, mangueras pendientes de limpieza, absorbentes usados o residuos de producto pueden prolongar el episodio después de que la cisterna haya salido. En estos casos, aumentar la potencia de un sistema perimetral no resuelve la causa. Es necesario corregir primero la gestión del foco y revisar los procedimientos de limpieza y retirada.

Programación ligada a la operación:

Cuando las maniobras están planificadas, el tratamiento puede activarse antes de la apertura o del inicio del trasiego, mantenerse durante la fase crítica y prolongarse el tiempo necesario tras la desconexión. Esta lógica permite acompasar la neutralización al episodio real en lugar de tratar un promedio que no representa lo que sucede en planta.

Patios, viales y límites de parcela: donde varios focos se convierten en uno

En los patios confluyen emisiones de distinta procedencia. Puede llegar una corriente desde los tanques, sumarse un episodio de carga y quedar retenida cerca de una fachada o entre equipos. Para quien percibe el olor fuera de la instalación, todo parece proceder de un mismo punto, aunque en realidad sea la combinación de varias fuentes y rutas de dispersión.

Los edificios, cerramientos, cubiertas y desniveles modifican el viento. Pueden crear recirculaciones, zonas de baja velocidad o corredores que conducen el aire hacia una puerta, un vial o un límite concreto. Por eso, colocar una línea de nebulización únicamente en el perímetro más próximo al receptor no siempre es la mejor decisión. Si la barrera queda demasiado lejos del foco, la corriente ya puede haberse elevado, diluido o desviado antes de encontrarla.

En algunos proyectos resulta más eficaz actuar en dos capas: una primera intervención próxima al foco o a su vía de escape y una segunda protección en la trayectoria hacia el exterior. El diseño debe considerar los vientos dominantes, pero también las situaciones menos frecuentes que coinciden con los episodios y las quejas.

Del mapa de olores al diseño del tratamiento

Antes de hablar de equipos, realizamos un recorrido que relaciona fuente, operación, vía de escape y receptor. En una planta de derivados de hidrocarburos este trabajo puede incluir:

  • Inventario de tanques, venteos, conexiones, puntos de carga y zonas de almacenamiento temporal;
  • Horarios y duración de trasiegos, limpiezas, purgas y expediciones;
  • Identificación de corrientes canalizadas y emisiones difusas;
  • Revisión de captaciones y tratamientos ya existentes;
  • Observación de obstáculos, puertas, cubiertas y corredores de aire;
  • Análisis de viento, temperatura y estacionalidad;
  • Registro de episodios, percepciones internas y quejas externas disponibles.

El objetivo no es elaborar un plano lleno de puntos rojos. Es reconocer qué pocos escenarios explican la mayor parte del impacto. A menudo, una planta no necesita tratar todas las zonas con la misma intensidad, sino controlar mejor dos o tres combinaciones concretas de operación y meteorología.

Soluciones Biolfactive según el tipo de emisión

Micronización para corrientes conducidas y espacios interiores:

Cuando el gas está captado y circula por un conducto, la micronización de agentes activos permite introducir el tratamiento en una corriente definida. El diseño debe tener en cuenta el caudal, la geometría, la velocidad, el espacio disponible y el tiempo de contacto. No se trata de colocar una boquilla de forma genérica, sino de conseguir que el agente se distribuya y se encuentre con las moléculas responsables del olor antes de la descarga.

También puede utilizarse en determinados volúmenes interiores cuando el análisis confirma que el aire de la nave es la vía adecuada de actuación. En ambos casos, la configuración se adapta al patrón real de emisión y a las restricciones del proceso.

Nebulización de alta presión en carga, patios y perímetros:

La nebulización de alta presión es especialmente útil para emisiones exteriores o difusas. Una línea de tratamiento puede crear una zona activa próxima al área de carga, proteger una trayectoria frecuente o reforzar el límite de parcela durante determinados episodios.

Su eficacia depende de la ubicación, la orientación, el tamaño de gota, el alcance y la programación. Una barrera no debe diseñarse como una pared rígida: trabaja en un aire que cambia de dirección y velocidad. Puede ser necesario sectorizarla para activar solo el tramo favorable según el viento o la operación que esté en curso.

Evaporación en puntos sin servicios disponibles:

En ubicaciones concretas donde no resulta viable disponer de electricidad o aire comprimido, la evaporación controlada de agentes activos puede aportar una presencia localizada. Su aplicación debe reservarse para escenarios en los que el patrón de emisión y el espacio permitan trabajar de esta manera. No sustituye a una captación necesaria ni a una barrera diseñada para cubrir una superficie extensa.

Elegir el agente activo a partir del gas real

“Olor a hidrocarburo” es una descripción útil para registrar una percepción, pero insuficiente para seleccionar un tratamiento. Dos productos de aspecto similar pueden liberar mezclas distintas, y una misma instalación puede cambiar de formulación, materia prima o campaña.

La selección del agente activo debe basarse en la información disponible sobre los gases objetivo y contrastarse mediante una prueba. En Biolfactive ajustamos la formulación y la dosificación al foco, evitando tratar todos los episodios como si fueran equivalentes.

Cuando existe variabilidad de producto, conviene incluir en la validación los escenarios que representen esa diversidad. Una prueba realizada solo durante la operación más favorable puede ofrecer una imagen incompleta del comportamiento futuro.

¿Cómo validar resultados sin confundir olor con seguridad?

La validación debe definir antes de empezar qué se quiere mejorar. Dependiendo del proyecto, pueden combinarse:

  • Mediciones de concentración de olor mediante metodologías adecuadas;
  • Seguimiento de COV u otros parámetros cuando proceda;
  • Observaciones de campo con protocolo y trazabilidad;
  • Frecuencia, duración e intensidad de episodios;
  • Registros meteorológicos y operativos;
  • Número y localización de quejas.

Las mediciones de sustancias y las evaluaciones odoríferas responden a preguntas diferentes. Reducir la percepción de olor no demuestra por sí mismo que una atmósfera sea segura, y un valor analítico aislado tampoco explica necesariamente el impacto percibido en el entorno. La planta debe mantener separados ambos objetivos y coordinarlos dentro de su gestión ambiental y preventiva.

Para evaluar una prueba de neutralización es importante comparar situaciones equivalentes: mismo tipo de producto, operación semejante, caudal comparable y condiciones meteorológicas registradas. Si se mezclan escenarios distintos, puede atribuirse al sistema una mejora o un empeoramiento que en realidad procede de la producción o del viento.

Integración con recuperación de vapores y otros tratamientos.

La neutralización no se plantea como sustituto automático de los sistemas de recuperación de vapores, la estanqueidad, la captación localizada, los lavadores de gases, la adsorción u otras tecnologías existentes. En muchos casos, la estrategia más sólida es trabajar por capas:

7. Prevenir pérdidas y confinar el foco;

8. Recuperar o tratar la corriente cuando sea viable;

9. Neutralizar emisiones residuales, episodios difusos o puntos sin una captación completa;

  1. Proteger trayectorias y límites sensibles cuando persista un riesgo odorífero.

Esta combinación permite reservar cada tecnología para la tarea que resuelve mejor y evita sobredimensionar una única solución.

Una implantación que no estorbe a la operación.

En zonas de carga o almacenamiento, cualquier intervención debe respetar los requisitos de seguridad, las clasificaciones de área, los procedimientos internos y la circulación de personas y vehículos. El sistema de neutralización debe integrarse sin crear obstáculos, superficies mojadas ni interferencias con mantenimiento o emergencias.

Una forma prudente de comenzar consiste en seleccionar un escenario representativo y acotado: por ejemplo, una operación de carga con recurrencia suficiente o una corriente conducida bien caracterizada. Se registra una línea base, se instala una configuración provisional o escalable y se compara su comportamiento en condiciones equivalentes.

Si el resultado es consistente, el proyecto puede ampliarse a otros focos manteniendo la lógica aprendida. Escalar no significa copiar exactamente la misma disposición, sino conservar el criterio de diseño y adaptarlo a la geometría y al patrón de cada zona.

Conclusión: Controlar los momentos en que la planta cambia de estado.

El control de olores en derivados de hidrocarburos exige mirar más allá del proceso estable. Los episodios suelen aparecer cuando algo cambia: sube la temperatura, varía el nivel de un tanque, comienza un trasiego, se desconecta una manguera o el viento encuentra una nueva salida entre los edificios.

Por eso, una estrategia eficaz relaciona cada foco con su operación y su trayectoria. La micronización puede actuar sobre corrientes conducidas o determinados espacios interiores; la nebulización puede acompañar cargas, patios y perímetros; y la evaporación puede apoyar puntos concretos sin servicios. Todas ellas deben integrarse con la prevención, la estanqueidad, la captación y los tratamientos existentes.

En Biolfactive diseñamos el tratamiento a partir de los gases, la geometría y la forma real de operar de la planta. El objetivo no es prometer que nunca volverá a percibirse un olor, sino reducir los episodios que generan impacto y mantener el resultado cuando cambian la producción y el clima.

Si su instalación presenta episodios en tanques, zonas de carga o patios, el primer paso es identificar qué operación los activa y qué recorrido sigue la emisión. Con esa información podemos plantear una prueba industrial medible y una implantación que se adapte a la planta.

 

Preguntas frecuentes sobre el control de olores en derivados de hidrocarburos:

¿Por qué un tanque genera olor solo en determinados momentos?

Porque las emisiones pueden aumentar durante el llenado, el vaciado o los cambios de temperatura. Estas situaciones modifican el volumen y la composición del espacio de vapor y pueden desplazar gases hacia venteos u otros puntos previstos en el sistema.

¿El olor a hidrocarburo significa siempre que existe una concentración peligrosa?

No puede establecerse esa relación únicamente mediante el olfato. La percepción de olor y la evaluación de seguridad son ámbitos distintos. La concentración y el riesgo deben determinarse con mediciones y criterios específicos de higiene industrial y seguridad.

¿Dónde conviene actuar en una operación de carga o descarga?

Depende de dónde se produzca el pico: conexión, inicio del trasiego, desplazamiento de vapores, final de carga, drenaje o desconexión. Conviene observar la secuencia completa antes de definir el punto de aplicación y su programación.

¿La nebulización perimetral sirve para cualquier patio industrial?

No de forma automática. Deben estudiarse la posición del foco, la altura de la corriente, los obstáculos y el viento. En ocasiones es más eficaz actuar cerca de la fuente; en otras, sectorizar una barrera o combinar dos capas de tratamiento.

¿La neutralización sustituye a una unidad de recuperación de vapores?

No debe plantearse como sustitución general. La recuperación, la captación y la estanqueidad actúan sobre la emisión en origen. La neutralización puede complementar estos sistemas y tratar emisiones residuales o difusas que no quedan completamente confinadas.

¿Qué tecnología utiliza Biolfactive en corrientes conducidas?

Cuando la corriente está captada, puede aplicarse micronización de agentes activos dentro del conducto, siempre que el caudal, la geometría y el tiempo de contacto permitan diseñar una mezcla adecuada.

¿Cómo se elige el agente activo para un olor de hidrocarburos?

Se parte de la información sobre los gases o familias de compuestos presentes y se valida el encaje mediante pruebas. No existe una formulación universal para todos los productos, procesos y temperaturas.

¿Cómo se comprueba si el tratamiento está funcionando?

Se comparan escenarios operativos equivalentes y se combinan indicadores como medición de olor, registros de episodios, meteorología, operación y quejas. El criterio debe definirse antes de comenzar la prueba para evitar conclusiones basadas en impresiones aisladas.

¿Puede automatizarse el sistema según la actividad de la planta?

Sí. Cuando las operaciones están programadas o existe una señal de proceso adecuada, el tratamiento puede activarse antes del episodio, ajustarse durante la fase crítica y detenerse cuando deja de ser necesario. La lógica concreta debe integrarse con los sistemas y protocolos de la instalación.

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